El acceso a internet se ha transformado en una herramienta cotidiana para estudiar, trabajar, emprender y realizar trámites. Sin embargo, las posibilidades de contratar una conexión fija domiciliaria no son iguales en todas las comunas del Maule.

Los datos de la Subsecretaría de Telecomunicaciones permiten observar diferencias considerables entre los principales centros urbanos y territorios de menor tamaño. En 2024, la región registraba 46,8 conexiones residenciales de internet fijo por cada 100 hogares, frente a un promedio nacional de 65,8. La diferencia era de 19 conexiones por cada 100 hogares.

Con ese resultado, el Maule se ubicaba como la segunda región con menor indicador del país, solamente por encima de Ñuble, que alcanzaba 46,1. El dato surge del cruce entre las conexiones fijas residenciales informadas por las empresas a Subtel en junio de 2024 y los hogares registrados por el Censo de ese año. No equivale al porcentaje de hogares sin internet.

La medición excluye a quienes utilizan exclusivamente conexiones móviles, una distinción fundamental para interpretar los resultados.  

De Talca a Sagrada Familia: una diferencia de más de 76 conexiones

El contraste dentro de la región es considerable. Talca registraba 80,1 conexiones de internet fijo por cada 100 hogares, Curicó alcanzaba 72,9, en Cauquenes el indicador era de 53,2, mientras que Linares llegaba a 51,7. Pero la situación cambiaba significativamente en otras comunas.

Sagrada Familia registraba solamente 3,5 conexiones por cada 100 hogares. En Curepto, el indicador alcanzaba 8,3; en Chanco, 9,1; y en Retiro, 8,6. También aparecían resultados bajos en Empedrado, con 11,6 conexiones, y Pelarco, con 10. En Longaví, el indicador era de 13,5. Estas cifras muestran que la diferencia no se limita a una sola provincia, sino que aparece en comunas del norte, centro, costa y sur de la región.  

Internet fijo no significa internet total

Existe una precisión indispensable: Una comuna con pocas conexiones domiciliarias de internet fijo no necesariamente tiene una proporción equivalente de hogares desconectados. Muchas familias utilizan planes de datos móviles, comparten conexiones o acceden a internet mediante otras alternativas. Por eso, las estadísticas de Subtel deben interpretarse como una medición de conexiones fijas y no como un catastro completo de exclusión digital. Tampoco permiten conocer directamente la velocidad contratada, la estabilidad del servicio ni su costo para las familias.

Para determinar las condiciones reales de conectividad sería necesario incorporar información sobre acceso móvil, cobertura de operadores, velocidades y disponibilidad de planes domiciliarios. Pero, aun así, el indicador permite identificar territorios donde las conexiones fijas tenían una presencia considerablemente menor. Y esa diferencia merece una explicación.

Más de 211 mil conexiones residenciales en 2026

Los registros más recientes publicados por Subtel muestran que el Maule alcanzaba 211.409 conexiones residenciales de internet fijo en junio de 2026. Si se incluyen las conexiones de hogares y empresas, la cifra regional ascendía a 222.361. Esta información permite dimensionar el tamaño de la red fija regional.

Sin embargo, estos totales de 2026 no pueden compararse directamente con el indicador de conexiones por cada 100 hogares calculado para 2024.

Para construir una comparación equivalente sería necesario disponer de un denominador comunal actualizado y metodológicamente compatible. Tampoco corresponde interpretar el total de conexiones como número de personas conectadas y una conexión domiciliaria puede ser utilizada por varios integrantes de un hogar.  

La paradoja de la fibra óptica

Otro antecedente resulta especialmente interesante. Según las estadísticas de Subtel correspondientes a junio de 2026, el 90,2% de las conexiones fijas del Maule utilizaba fibra óptica. Este porcentaje superaba el promedio nacional, situado en 87,3%.

A primera vista, el resultado podría sugerir una situación favorable de conectividad. Pero existe una diferencia entre la tecnología utilizada por quienes ya tienen una conexión y la disponibilidad de ese servicio para el conjunto de la población. El 90,2% indica qué proporción de las conexiones fijas existentes utiliza fibra óptica. esto no significa que el 90,2% de los hogares maulinos disponga de esa tecnología.

Por lo tanto, ambos indicadores pueden coexistir: una red fija altamente modernizada entre sus usuarios y una distribución territorial desigual de las conexiones domiciliarias.

Esta diferencia es clave para evaluar las políticas públicas de conectividad.  

El proyecto Última Milla: una inversión aprobada en 2022

La brecha digital rural ha sido reconocida durante años por las autoridades. Uno de los proyectos destinados a enfrentarla es Última Milla, una iniciativa orientada a extender infraestructura de telecomunicaciones hacia localidades alejadas de los principales centros urbanos.

El 18 de octubre de 2022, el Gobierno Regional del Maule informó que el Consejo Regional había aprobado más de $11.775 millones para financiar el proyecto. En ese momento, la iniciativa contemplaba llegar a 129 localidades mediante el despliegue de aproximadamente 567 kilómetros de fibra óptica.

El anuncio consideraba una infraestructura destinada a facilitar la oferta de servicios de telecomunicaciones en las 30 comunas. Sin embargo, la aprobación de recursos no equivalía a la ejecución inmediata de las obras. Era necesario desarrollar los procesos administrativos, técnicos y concursales correspondientes.  

¿Qué ocurrió después? La revisión de documentos oficiales permite reconstruir parte de la evolución del proyecto. Un informe regional de Subtel, fechado en septiembre de 2024, identificaba Última Milla como una iniciativa en preparación y coordinación regional. En esa actualización, el número de localidades preliminares había aumentado a 156. El documento mantenía un costo estimado de $11.775 millones e indicaba que las bases se encontraban en revisión por Contraloría y el Gobierno Regional. También contemplaba, como fechas estimadas, la publicación de bases durante el primer semestre de 2025 y una eventual adjudicación durante el segundo semestre de ese año.

Esas fechas eran proyecciones administrativas, no hitos cuya ejecución quedara demostrada por el documento.  

Una advertencia sobre el financiamiento

En octubre de 2025 surgieron nuevos cuestionamientos públicos: La senadora Paulina Vodanovic solicitó antecedentes sobre el estado de la conectividad regional y planteó la necesidad de asegurar financiamiento para Última Milla. Según declaraciones difundidas el 3 de octubre de ese año, la parlamentaria sostuvo que el proyecto enfrentaba dificultades presupuestarias y que no contaba con recursos para ejecutarse en los términos originalmente previstos. También advirtió que las soluciones contempladas por programas nacionales podrían postergarse. Se trata de antecedentes relevantes, pero requieren una precisión.

Las declaraciones corresponden a octubre de 2025 y no acreditan por sí solas cuál es el estado administrativo o financiero del proyecto al 26 de octubre de 2026. Para establecerlo es indispensable obtener una respuesta actualizada de Subtel y del Gobierno Regional.  

La conexión que falta entre infraestructura y hogares

La situación plantea una pregunta de fondo: ¿Basta con instalar infraestructura de fibra óptica para garantizar que las familias puedan contratar internet? No necesariamente. Las redes de transporte permiten llevar capacidad de telecomunicaciones hacia determinados territorios.

Pero el acceso final a las viviendas requiere otras condiciones: redes de distribución, disponibilidad comercial de operadores, factibilidad técnica y planes que las familias puedan pagar. Por eso, el proyecto Última Milla resulta especialmente relevante. Su propósito no se limita a disponer de infraestructura troncal, sino a facilitar que la conectividad llegue efectivamente a localidades y usuarios finales.

El problema es que, con los documentos públicos revisados, todavía no es posible determinar cuántas localidades originalmente consideradas han recibido conexiones domiciliarias como resultado específico de esta iniciativa. Tampoco se puede establecer si los cambios registrados en las estadísticas comunales durante 2026 responden a proyectos públicos, inversiones privadas o una combinación de ambos factores.

Las consecuencias para el desarrollo regional

La conectividad digital tiene implicancias que van más allá del entretenimiento. En educación, una conexión estable puede facilitar el acceso a materiales pedagógicos y plataformas de aprendizaje. Para pequeños productores y emprendedores, puede permitir comercializar productos, coordinar entregas y acceder a servicios financieros. En salud, facilita trámites, consultas de información y determinados servicios remotos. Sin embargo, no corresponde afirmar que los habitantes de las comunas con menor presencia de internet fijo estén imposibilitados de realizar estas actividades.

La información disponible no permite conocer las alternativas de conexión utilizadas por cada familia. Lo que sí muestra es una distribución desigual de la infraestructura residencial fija. Y esa desigualdad abre preguntas sobre la planificación de las inversiones públicas y privadas.

La deuda pendiente de la conectividad territorial

Los antecedentes muestran dos realidades simultáneas. Por una parte, el Maule dispone de una proporción elevada de conexiones fijas mediante fibra óptica. Y por otra, los indicadores comunales de 2024 evidencian diferencias profundas entre ciudades y territorios rurales.

También existe una trayectoria de anuncios y documentos administrativos relacionados con el proyecto Última Milla, cuya situación actual requiere esclarecimiento, ya que tampoco demuestra que el proyecto esté definitivamente suspendido, pero sí permite formular una pregunta de interés público: ¿Qué resultados concretos han tenido las inversiones y compromisos de conectividad rural en las localidades del Maule que históricamente registraron menos conexiones domiciliarias?

Responderla permitiría pasar de los anuncios de infraestructura a una evaluación de resultados territoriales, porque el avance digital de una región no debería medirse solamente por la tecnología que utilizan quienes ya están conectados. También por las oportunidades de acceso que existen para quienes viven lejos de sus principales ciudades.